Los Rockeros no lloran

Los Rockeros no lloran

La imagen que me viene a la cabeza cuando pienso en Calle 13 y en su cantante Residente, es a él cantando “súbete la minifalda hasta la espalda”. Se creaba en mi cabeza una imagen chulesca y desenfadada, pero nada más lejos de la realidad.

Todo el mundo ha podido echarle un oído a su nuevo tema (y si no, ya estáis tardando). Algún que otro artículo en periódicos, número 1 en tendencias en Youtube al momento de escribir este artículo… ¿Necesitáis más carta de presentación?

En fin, esta ruptura de expectativas y prejuicios me ha hecho reflexionar sobre la imagen falsa y la verdad oculta detrás del cuero, las tachuelas, y el “sex and drugs and rock n’ roll”.

Ahí va una batería de ejemplos de rockeros inmortales y duros como piedras que tienen un corazón debajo de la piel tatuada. Así que, coged la bata de boatiné, las pantuflas, palomitas, unos buenos auriculares y acompañadme.

 

  1. Tears in Heaven, Eric Clapton.

Cada vez que levantes tu guitarra para tocar, toca como si fuera la última vez

Eric Patrick Clapton, the God, Slowhand, exYarbird, exCream, miembro del Rock and Roll Hall of Fame, compositor de himnos inmortales como Cocaine (que a pesar de ser una crítica contra esta droga, la grabó bajo sus efectos y fue censurada durante tiempo en países como México), y podría seguir enumerando logros y currículo, pero estamos aquí por otros motivos.

Considerado uno de los padres del blues, cuando le ves tocar, es imposible no pensar en la imagen del caballero inglés que es capaz de llegar hasta Indochina y conquistarla. Con su expresión corporal te dice “esto es como respirar para mí”, pero sus solos trascienden las décadas y, hoy en día, es difícil pensar en un neoguitarrista que no haya tocado (aunque sea en la privacidad de su dormitorio) el famoso riff de Layla. A pesar de esto, todos tenemos un pasado. Corría el año 1991, nuestro protagonista tuvo, casi sin quererlo, un hijo con la modelo y actriz Lory Del Santo. Le bautizaron Conor y, ese pequeñajo, hizo que Clapton, alcohólico redomado, se planteara dejar todo eso y ser, en sus propias palabras, “un padre apropiado”. Pero todo aquello se truncó justo cuando comenzaba a hacerse realidad.

Un rascacielos en Manhattan, una ventana abierta del piso 53 y un despiste por parte del conserje. Aquello provocó que el pequeño Conor Clapton, de apenas 4 años y medio, se precipitara al vacío.

Antes de dejaros con la canción que compuso nuestro viejo guitarrista meses después, roto de dolor, compartiré una frase que dijo durante el velatorio: “Este no es mi hijo. Se parece un poco a él, pero ya se ha ido”.

 

 

  1. Wake me up When September Ends, Green Day.

No hay nada malo en ser un perdedor, lo importante es lo bueno que seas en ello

Una banda denostada por la escena naciente punk del momento. Herederos de grupos como Sex Pistols, quienes habían limpiado de malas hierbas el campo y podríamos aventurarnos a decir que abonaron este con sus cadáveres. Aun siendo tan odiada y amada a la vez, es innegable que Billie Joe Armstrong, Tré Cool y Mike Dirnt son quienes llevaron el punk-rock al primer término de la escena mundial. Con temas como “American Idiot” criticando a su propio país, o canciones inmortales como “Basket Case” o “Welcome to Paradise”, se han ganado el derecho (a golpe de guitarra, batería, bajo y voz) a ser consideradas una de las bandas más influyentes para la música actual. (podría mencionar que ganaron un Grammy a “mejor álbum de música alternativa” por su potente Dookie en 1995, pero seamos serios, estamos hablando de reconocimientos y premios de verdad, no de Grammys)

Hechas las presentaciones, comencemos.

Corría el año 1982, un pequeño Billie Joe (frontman de la banda) de 10 años se enfrentó a un suceso algo duro: su padre fue diagnosticado con cáncer de esófago y, al poco tiempo, falleció. Esto golpeó duramente al pequeño y, en una discusión con su madre, solo pudo decir “despiértame cuando acabe septiembre” (wake me up when september ends) justo antes de encerrarse en su habitación. 23 años después no sólo se lo decía a su madre, si no a estadios repletos de gente que le acompañaba en su dolor y lloraba con él. Sin más preámbulos, aquí tenéis esta conjunción de riffs, guitarras y desgarro vocal que os moverá algo dentro, aunque sea el bazo.

 

 

  1. The God that Failed, Metallica.

Yo elijo vivir, no solo existir

El Heavy Metal (o Trash Metal si lo adecuamos más a esta banda) es un género que no tiene mucha imagen de dulce y sentimental. Cabe resaltar la naturaleza de su nacimiento: esa necesidad de transgresión y expulsar la agresividad mediante guitarras.

Metallica son los tíos de este género, si consideramos al viejo Ozzy Osbourne y a Black Sabbath los padres, con un palmarés a rebosar de reconocimientos por parte de gigantes musicales como la revista musical por excelencia (junto con Rolling Stone): Billboard.

One”, “Enter Sandman”, “Nothing Else Matters”, “Master of Puppets” o “Welcome home (Sanitarium)” son ejemplos de canciones que se transformaron en bandas sonoras para muchas personas tras escucharlas, tal vez en una radio o quizás por ese amigo metalero que todos tenemos, cantadas por James Hetfield (guitarra y voz), con Robert Trujillo (bajista), Lars Ulrich (batería) y Kirk Hammet (guitarra) acompañándole.

En fin, al lío.

James Hetfield proviene de una familia cristiana que cree en algo llamado “Ciencia Cristiana”, basado en la curación de enfermedades mediante la expiación de pecados.

Bien, nada pudo hacer la fe contra el cáncer que se llevó a su madre cuando él tenía 16 primaveras.

Enfadado consigo mismo, frustrado y en lucha con sus propias creencias, 12 años después cantó “Veo la fe en tus ojos, nunca escuchas las mentiras desalentadoras, escucho fe en tus gritos, la promesa está rota, traición. La mano sanadora está retenida por el clavo enterrado, sigue al Dios que falló” (I see faith in your eyes, never you hear the discouraging lies, I hear faith in your cries, broken is the promise, betrayal. The healing hand held back by the deepened nail, follow the God that failed).

Para romper un poco la tónica, dad un par de cabezazos con vuestras melenas al viento y sentíos ángeles del metal con esta canción, pero recordad no seguir a dioses que fallen.

 

 

No sé si habré sido capaz de demostraros que el corazón existe, sea tatuado, lleno de metal o hasta las trancas de blues chulesco.

Aun así, debo deciros algo: la música tiene un factor importante más allá de la armonía, las melodías, los instrumentos y las letras. Este es tan importante como lo que acabo de enumerar. Sin preámbulos, pongamos que hablo de la emoción.

¿Cómo es posible que el solo de Californication de Red Hot Chili Peppers, cuyo compositor es el genio John Frusciante, sea uno de los solos más famosos e importantes de la historia de la seis cuerdas? Pasándolo por un análisis de técnica meramente objetivo, es muy sencillo. Goza de este prestigio por una razón que roza lo banal: te llega.

Esta conjunción de notas adecuadas casi milimétricamente a la base sobre la que se sustenta es brillante. No posee grandes despliegues de mecánicas o fraseos infernales. Es lo que es, simple y adecuado. (echadle un ojo)

 

 

Podríamos comenzar a hablar de la diferencia entre simplicidad y calidad, pero ese melón es mejor dejarlo en la nevera por el momento.

Concluyendo, el sentimiento siempre estuvo ahí a pesar de la imagen que se proyecta. Todos somos personas cárnicas y calientes, seres sintientes. Somos humanos y, los rockeros, a pesar de todo, sangran como tú y como yo (aunque por sus venas corra tanta química que podría iluminar un pequeño pueblo albaceteño).

Pd.: ni se os ocurra apagar el ordenador antes de pegarle una escucha al tema de Residente, no sería justo.

– David Navarro –