¿Cuánto te pagaron por renunciar a tus sueños?

¿Cuánto te pagaron por renunciar a tus sueños?

“Soy un subnormal”

Simplemente camino, un día más, avanzo por las calles cargado con unos auriculares, transito hasta la parada. El último oasis de tranquilidad en mi vida, el maldito amado autobús. El único instante únicamente mío. Me siento y clavo mi mirada en la carretera húmeda, mientras escucho esa canción que me devuelve un reflejo en mi alma. Mi lista de Descubrimiento semanal de Spotify es lo más interesante de mi lunes.

Otra semana más la misma pareja se besa como si fueran dos fieras furiosas, ignorando el coronavirus. Una imagen dantesca, primitiva y lujuriosa a ojos de terceras personas. Frente a ellos, la misma señora que les observa ofendida, mientras se abanica sus calores. Yo por mi parte intento no volverme a quedarme dormido y despertarme en cualquier otro lugar que no sea mi parada. Aún recuerdo las sabias palabras de mi madre que me gritaba cuando era pequeño “Este niño es subnormal”, nunca le falto razón a la mujer. Siempre fui un poco soñador.

Nunca he sido de los que dan el primer paso, soy más de los que toman el último. Vuelvo a casa solo y agotado, prometiéndome que no volveré a fumar. El mismo engaño de siempre. Mientras pienso en que “Una buena canción no se mide por sus últimos segundo de grabación, sino por ese pensamiento que reflota justo después de medio segundo de acabar.” ¿Y si dejo mis sueños justo antes de triunfar?

“¿Dónde fueron mis sueños?”

La verdad es que me encuentro cansado y lleno de angustia. Hace 5 años tuve un sueño. Puedo jurar y juraré que luché por lograrlo. Me dejé la piel para conseguir crear algo especial y único, pero he perdido las ganas de seguir luchando. No me considero un perdedor, me considero un hombre cargado de pensamientos. Una gran persona dijo: “Si alguna vez tuviste un sueño y peleaste por una esperanza e intentaste transmitirla, tal vez, y solo tal vez, si lo hiciste bien, quede un pequeño aliento rodando en las colinas, en los mares; un pálido recuerdo que vale más que un monumento, que un libro, que un himno, que una poesía.”

Los años pasan, y lo único que puedes esperar es que todo ese esfuerzo no caiga en saco roto. Porque lo imposible es una cerveza que siempre cuesta un poco más de lo que podemos llegar a pagar. Pero, por el contrario, si no intentáramos pagar por ella seríamos unos fracasados. Esos seres que niegan que soñaron, para soñar con poder soñar.

“¿Ahora qué?”

No hay bajadas sin subidas y no hay subidas, sin bajadas. La vida es un círculo, más que un círculo es una noria, más que una noria es un cúmulo de ciclos. Ahora estoy en un ciclo en el que no estoy ni arriba, ni abajo y no hay nada como estar arriba para relajarte viendo el skyline de tu vida, pero no temo la bajada porque sé que desde lo alto no se pueden amar a las personas con quien compartes tu día a día.

William Shakespeare dijo una vez que “hay una energía entre los amantes que se comparte por las yemas de los de los dedos”, y esa energía carga mi alma y solo con el alma llena puede escribir las cosas más humanas. Entonces, y solo entonces, con esa energía mi creatividad se dispara. Pero lo años pasan y cada día pesa el doble, y me pregunto si cumpliré mis sueños o solo estoy esperando un imposible. Que voy a saber yo… si mi madre tenia razón “Soy un poco subnormal”.

 

 

Yo luchaba contra la tormenta y otros soplaron para aumentar el viento.